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La Iglesia de la Madeleine, situada
en las proximidades de la Plaza de la Concordia
(Concorde), en una zona muy comercial de alto nivel
(al lado de la calle Faubourgs Saint-Honoré,
una de las calles más comerciales y glamurosas
de París), introduce un acento peculiar al barrio
y llama muchísimo la atención por su arquitectura
en forma de templo clásico griego.
En el solar donde se había proyectado
construir una iglesia dedicada a María
Magdalena, Napoleón decidió levantar
un templo cívico en honor de su ejército.
Con este propósito escogió un proyecto
de Vignon en el año 1806 basado
en el templo romano de la Maison Carrée de Nimes.
La construcción se prolongó hasta el año
1842 en que fue consagrada como Iglesia de La Madeleine,
perdiendo así el sentido de templo laico
que le quería dar Bonaparte.
El proyecto de Vignon
es el de un templo octóstilo y pseudodíptero
de columnas corintias sobre un podium muy elevado y
solamente accesible por la gran escalinata de la fachada.
El interior se divide en tramos cuadrados cubiertos
por cúpulas sobre pechinas y sustentadas por
grandes columnas corintias, solución basada también
en modelos romanos y bizantinos.
La construcción comenzó
cerca del año 1764 por Contant d´Ivry,
siendo luego reconstruida con planos de Guillaume
Couture (1777), aunque a causa de la
Revolución Francesa las obras se interrumpieron
de 1790 a 1805 y en 1806 La Madeleine se transformó
en Templo homenaje a la Gran Armada, función
que tuvo hasta que se acabó de construir el Arco
del Triunfo, que la relevó en esa función.
En 1842 volvió a ser iglesia
católica, función que continúa
representando en la actualidad.
La Madeleine se sale de todos los tópicos
de iglesia occidental, ya que cuando alguien pasea y
la encuentra por azar, no descubre
que es una iglesia hasta que no accede a su interior,
debido a su arquitectura griega.
El interior de La
Madeleine de Paris no es tan interesante
como el exterior, pero merece la pena como mínimo
subir sus escaleras para contemplar desde allí
la Rue Royal, con Concorde y el Obelisco al fondo, teniendo
ante nosotros una de las imágenes más
bellas que automáticamente retendremos para siempre
en nuestra memoria. Camille Saint-Saëns
trabajó aquí como organista, entre 1858
y 1877.
El friso y los frontones están
esculpidos con escenas religiosas. Destaca el grupo
del Juicio Final en el frontón de la fachada
principal, obra del escultor Lamaire.
Las proporciones y el rigor en la aplicación
de los elementos del orden corintio hacen de La Madeleine
uno de los ejemplos más cuidados del clasicismo
francés de las primeras décadas del siglo
XIX. Los que ya la han visitado, no pueden
dejar de mencionarla como una de las grandes obras y
monumentos más impresionantes de París.
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