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A pesar de que es conocida a menudo
con el nombre de “Ciudad de la Luz”,
de que se considera la ciudad del amor por antonomasia
y de que es uno de los destinos turísticos favoritos
de todo el mundo por su belleza, París también
tiene otra cara, menos agradable. No es desconocida
su capitalidad de lo bohemio, de los artistas de todo
tipo que trabajaban al mismo tiempo que seguían
un estilo de vida poco recomendable,
y eso sin duda le ha dado a la capital francesa un aire
romántico añadido, en esta ocasión
sin nada que ver con el amor, con el distrito de Montmartre
como símbolo de aquellos años
que sin duda pasaron hace mucho tiempo —prueba
de ello es que ahora ese barrio es de los más
caros para vivir—.
Pero en París, como en toda
gran ciudad, hay también zonas, como el Sacré
Coeur o el llamado Chinatown,
donde se agolpan los inmigrantes, proliferan las tribus
urbanas y las familias con escaso poder económico,
aunque no tienen por qué ser peligrosas y siguen
teniendo el encanto del arte urbano y los mercadillos
de segunda mano, algo que también atrae a una
importante porción de los turistas que
buscan visitar lo menos típico de las ciudades.
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