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Aunque arena, lo que se dice arena,
nomás tienen la de las playas de Cannes
o Niza, los franceses han tenido una fructífera
relación con el desierto, específicamente
el africano, que es el que les queda más a mano.
Entre las arenas de Egipto, fue que
el capitán Pierre-François Bouchard encontró
la célebre piedra Rosetta, que
ayudaría a descifrar el significado de los jeroglíficos
(aunque poco le duró el gusto al buen Bouchard,
luego de que los británicos le apañaran
el ilustre bloque de granito) o que escritores en lengua
gala han creado novelas muy famosas, como “León,
el africano”, de Amin Maalouf
o “El abisinio”, de Jean-Christophe
Rufin.
Ahora, algo tan orgullosamente francés
como el inconmensurable Museo del Louvre está
a punto de abrir su casa en el desierto, con el recientemente
anunciado proyecto de la creación de una sucursal
del famoso recinto nada menos que Abu Dhabi,
la capital de los Emiratos Arabes Unidos.
El rico estado petrolero del
Golfo Pérsico, de apenas 4.5 millones
de habitantes y que por cuya pujanza económica
ha sido considerado el Singapur del Medio oriente,
ha abierto la chequera para tener no sólo un
pedacito de Louvre, sino también un Museo Guggenheim,
diseñados por Jean Nouvel y Frank Gehry,
respectivamente.
Apenas en marzo, se anunció
la firma del acuerdo de colaboración entre Francia
y los Emiratos por un monto superior a los mil 300 millones
de dólares para la creación de la sucursal
árabe del Louvre (que podrá usar ese nombre
por 30 años), en donde se exhibirán cerca
de 300 de las más de 38 mil obras de
arte que forman parte de la colección del museo
galo, que en su famosa sede parisina no tiene espacio
para exhibir más que la décima parte del
acervo.
Aunque no es famoso por su política
de “franquicias” al mismo modo que el Guggenheim,
el Louvre tiene ya pensado abrir otro recinto satélite
en la localidad francesa de Lens, diseñado por
Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, las mentes maestras
del despacho arquitectónico francés Sanaa.
Luz filtrada
La sucursal del Louvre en Abu Dhabi
estará ubicada en la isla de Saadiyat, a unos
500 metros de la costa de este emirato, y formará
parte de un ambicioso complejo cultural que incluye
también una sede del Museo Guggenheim
de arte contemporáneo, el Museo Nacional y el
Museo Marítimo, además de un Centro de
Artes Escénicas.
Jean Nouvel, el arquitecto
elegido para el encargo, ha creado un primer diseño
de gran belleza formal e impacto, fincado en la austeridad
cromática y formal que se manifiesta como una
gigantesca cúpula blanca perforada por la que
atraviesa la luz del sol de manera análoga a
como se cuela por el follaje de los árboles en
un bosque.
Esta cúpula, eco de un elemento
emblemático de la cultura árabe, cubrirá
un juego de volúmenes geométricos dispuestos
de forma que evocan las laberínticas calles de
algunos pueblos árabes. El edificio en su conjunto
abarcará una superficie de 24 mil metros cuadrados,
ocho mil de ellos consagrados a área de exposición.
El arquitecto galo, que ya se ha aproximado
al espíritu del Medio Oriente con su célebre
edificio para el Instituto del Mundo Árabe
en París, asume esta cúpula como
una metáfora misma de la tarea de un museo: la
conservación y resguardo de elementos valiosos
de la creación humana.
La luz será el elemento protagonista
del edificio, al crear una atmósfera limpia y
acogedora al filtrarse por la cúpula; crear cambiantes
juegos de sombras con el exterior de las salas, delimitadas
principalmente con cubos, y reflejarse sobre los espejos
de agua que hace eco al mar circundante.
Un rasgo de gran impacto es que el
edificio se levantará prácticamente sobre
el mar, pues hace contacto con la playa de la isla sólo
en una de sus esquinas, mientras la cúpula, vista
desde el aire, semeja un ovni que ha acuatizado.
Nouvel ha querido
aprovechar el juego de opuestos que proporciona el paisaje
natural al señalar: “la isla ofrece un
paisaje áspero atemperado por la unión
con el canal, una imagen impactante donde la aridez
de la tierra contrasta con la fluidez de las aguas”.
El diseñador se ha expresado
así del edificio: “La arquitectura creará
un microclima, será árabe y parte de la
ciudad. Entiendo así los museos, no como islas.
He intentado integrarme en lo que será un nuevo
barrio cultural y cosmopolita. Lo que ellos intentan
levantar es el placer de regresar que tienen muchas
ciudades europeas. Y yo creo que la cultura es eso:
placer y bienestar, no ciencia exacta”.
Entre polémicas
Con el Louvre Abu Dhabi,
el Gobierno del emirato no sólo busca crear un
recinto que sea atractivo por sus contenidos, procedentes
de una de las pinacotecas más prestigiadas y
envidiadas del planeta, sino también un edificio
que sea un atractivo turístico por sí
solo, pues desean que la economía del País
no dependa exclusivamente del petróleo.
Al hacerse público el anuncio
del convenio de colaboración entre el Louvre
y las autoridades de los Emiratos Arabes Unidos, se
inició una controversia por la “mercantilización”
y la aparente pérdida de orgullo francés
que implica la apertura de esta sucursal en el Golfo
Pérsico.
Algunos críticos que han querido
reunir firmas en protesta en los foros del sitio web
La tribune del art, han enfatizado
que la cultura no se vende y que las colecciones nacionales
de arte no pueden ser tratadas como reservas de petróleo
que se liberan cuando la oportunidad es conveniente.
Henry Loyrette, director
del Louvre, ha señalado que el museo tiene una
misión social y diplomática en el mundo
y ha resaltado que prestar obras de su colección
no es nada del otro mundo, pues al año lo hace
con unas mil 500 piezas.
Jean Nouvel, en una entrevista con
el diario español El País, ha dejado clara
su postura al respecto: “Unir arte y nacionalismo
es ridículo. Sólo hay que pensar de dónde
son las obras que llenan el Louvre. Todo el mundo tiene
derecho a acceder a la cultura”.
Con información de: AFP, El
País, Clarín y Ateliers Jean Nouvel.
Fuente: www.am.com.mx
/ L.Meza
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